Las escenas apenas le interesan cuando se produce un estallido. Las retrata en el mismo momento en que explotan. La tradición, los temas típicos, están allí, pero justo cuando empiezan a desaparecer. ¿Acaso la pintura los capta en su último momento de existencia? ¿Son los temas o es la pintura misma la que exhibe su final?
Final reivindicado, en todo caso. Muchas veces dada por muerta, ahora la pintura hace de su amenaza vital su asunto decisivo. Eso convierte a la pintura de Boccaccio en una reflexión sobre la propia pintura. Se pinta, entonces, para saber qué puede deparar todavía la pintura. ¿Pero por qué el paisaje domina sobre la figura humana en la trayectoria de este artista?
José Fernández Vega











